x 

Carro vacío

T3 Framework

¿Qué eran los boletos o fichas?

El boleto, o ficha, eran una especie de monedas emitidas por entes privados que estaban relacionados con la producción y el comercio. Se utilizaban para pagar el salario de los trabajadores, quienes podían emplearlas para comprar de diferentes productos.
Las fichas se han utilizado prácticamente en todo el mundo, incluidos varios países de América. En Costa Rica se les ha llamado boletos; en Guatemala, Honduras, Cuba, El Salvador, Nicaragua, Colombia se les llama fichas; en México, "flacos "; en Argentina son conocidas como "latas " y en Venezuela se les llama "ñapas ".

 

¿Cuál es el origen de los boletos o fichas?

Los boletos o fichas surgieron en Inglaterra, durante la segunda mitad del siglo XVII, en una época en que los reyes tuvieron problemas para emitir monedas de baja denominación, que eran las más utilizadas para las transacciones cotidianas. Ese faltante se acentuó durante los años claves de la Revolución Industrial (1775-1817), por lo que banqueros, comerciantes y dueños de fábricas decidieron acuñar su propia moneda. A partir de entonces, las fábricas pagaban a los obreros con ese tipo de moneda privada, cuyo uso estaba restringido al área de influencia de la fábrica En la misma área había comercios que aceptaban los boletos para que los obreros pudieran comprar diversos productos.

Fabricación

¿Cómo se fabricaban los boletos o fichas?

Los boletos metálicos, al igual que las monedas, eran fabricados mediante el proceso de acuñación. Para acuñarlos se utilizaban láminas de metal, las cuales se cortaban en pedazos de acuerdo con la forma que iba a tener el boleto. Luego esos pedazos de metal se introducían en una máquina o volante que tenía dos troqueles (masas de acero grabadas), uno con el grabado del anverso y otro con el grabado del reverso de la pieza. Seguidamente, la pieza de metal o cospel se ponía en posición horizontal sobre uno de los troqueles, el cual se fijaba sólidamente y se cubría después con el otro troquel, mediante un proceso de fuerte presión para grabar las dos caras del boleto.

Los Boletos de Café en Costa Rica

Historia

El origen de los boletos en Costa Rica está estrechamente ligado al desarrollo del cultivo y la exportación del café.
El café es el producto más importante en la historia de Costa Rica, ya que, gracias a su cultivo el país logró vincularse de forma permanente con el mercado mundial. Su desarrollo comenzó hacia la década de 1820, aunque su expansión no se dio sino a partir de 1830 en el Valle Central, especialmente en San José. Contribuyeron para ello las condiciones físicas y naturales del país, así como la vocación agrícola de los pobladores, la habilidad de los comerciantes y el apoyo de los gobernantes, quienes supieron descubrir las posibilidades del producto. El café se exportó primero a Chile y luego a Gran Bretaña, con lo cual se colocó bien en los mercados europeos y se convirtió en el principal motor de desarrollo nacional hasta finales de la década de 1970, aunque quedó sujeto, también, al fluctuante mercado mundial.
En Costa Rica, los boletos surgieron a raíz del desarrollo de la producción de café, que provocó una creciente necesidad de moneda de baja denominación para pagar el salario de los trabajadores de esta actividad. Ante la escasez de moneda, a los trabajadores del café se les pagaba con "boletos" palabra que en Costa Rica deriva de boleta, especie de vale o contraseña.
No existe claridad en cuanto a la fecha en que se empezaron a acuñar los "boletos", pero se conoce que para inicios de la década de 1840 ya circulaban unos con el nombre Gerónima Fernández. Con el tiempo, los boletos fueron utilizados por otro tipo de empresas (por ejemplo ganaderas) o negocios para el pago de salarios o para sustituir monedas de baja denominación necesarias para dar el cambio (vueltos), dada la escasez de moneda fraccionaria.

La distribución del uso de los boletos en el territorio nacional

Inicialmente, el uso y distribución geográfica de los boletos siguió la expansión del cultivo del café, relacionándose a las grandes fincas y productores del grano. Su uso se inició en el Valle Central hacia la década de 1840, y se expandió hacia las zonas de Alajuela-San Ramón y Reventazón-Turrialba hacia finales del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX. Continuó hacia el sur del país, especialmente en los cantones de Pérez Zeledón y Coto Brus y también se utilizaron en el Pacífico Norte y en la llanuras del norte especialmente en la primera mitad del siglo XX, estos últimos ligados, en algunos casos a otras actividades productivas como la ganadería.

El Valle Central

En el Valle Central fue donde primero se desarrolló el cultivo del café. La mayoría de los primeros boletos conocidos, que datan de la década de 1840, corresponden a fincas ubicadas en San José, tales como las de la familia Montealegre, las de Juan Rafael Mora Porras, las de Santiago Fernández y las de Vicente Aguilar, entre otros; y en menor medida en Heredia como las de Paulino Ortiz, y en Cartago como las de José Echandi, de la finca La Esperanza. Para la segunda mitad del siglo XIX, la expansión del cultivo provocó también el uso de los boletos en las nuevas áreas de cultivo. Por ejemplo, en la zona de Cartago se extendió a Paraíso y la región de Orosi, y en San José hacia San Isidro de Coronado y Aserrí. Ya para la primera mitad del siglo XX, el cultivo del café ocupaba la mayor parte de las tierras del Valle Central y con ello proliferó el uso de los boletos como medio de pago en las fincas. Es de este período del que se tiene la mayor cantidad de boletos de zonas como San José, Alajuela, Heredia y Cartago.

Zona de Alajuela-San Ramón

Para la década de 1880 había un importante cultivo de café en los cantones de Alajuela, Grecia, Naranjo, Palmares y San Ramón, aunque no en las proporciones que se alcanzaron en la provincia de San José.

En esta zona también se utilizaron los boletos, pero por sus características, debieron haberse utilizado a partir de principios del siglo XX. Tenemos boletos de lugares como Naranjo y Grecia y los boletos siguieron los diseños característicos de los utilizados en el Valle Central.

Los Valles del Reventazón y Turrialba

La construcción del ferrocarril al Atlántico, a finales del siglo XIII, permitió la integración de terrenos entre los 1500 y 600 metros de altura, aptos para el cultivo del café, especialmente en el valle del Reventazón y Turrialba El cultivo del café se inició a finales del siglo XIX, pero se desarrolló especialmente en las primeras décadas del siglo XX.
A diferencia del Valle Central, en esta región predominaron las grandes haciendas, donde la mayoría tenían su propio comisariato, artesanos y hasta escuela y dispensario, todo con un sólo centro urbano: Turrialba Esto en parte puede explicar el extenso uso de los boletos con denominaciones equivalentes a la moneda nacional, para ser utilizados directamente en la compra de bienes en los comercios de las haciendas de esta zona. Tal es el caso de boletos de las firmas Lindo, Rousemount y Aquiares, por ejemplo.
El diseño de los boletos recibió la mayor influencia de los Estados Unidos, a través del establecimiento de las empresas bananeras en el Atlántico, y también a raíz del origen extranjero de muchos dueños de las haciendas. Estos boletos se caracterizaron por la utilización del aluminio, así como también por el uso del idioma inglés en sus leyendas. En la historia de los boletos de los Estados Unidos se pueden encontrar boletos muy similares a los de Lindo Brothers, por ejemplo.

Otras regiones

En otras regiones del país también se emitieron boletos, como es el caso de Guanacaste, en la Hacienda Santa Rosa, al norte de Liberia y en la finca de los Sobrado cerca del Río Tempisque. En estos casos los boletos se vincularon a la hacienda ganadera y se convirtieron en una forma de pago de los trabajadores. Boletos como los de la Hacienda Santa Rosa, fechados 1904, expresaron su denominación en céntimos, como moneda privada paralela a la moneda oficial nacional, y de manera similar ocurrió en el norte del país, específicamente con los boletos de "Haciendas de Sarapiquí".

El uso de los boletos

Los boletos fueron utilizados en la economía cafetalera para el pago de los salarios a los obreros agrícolas y para la compra y venta de productos de consumo diario. A cada cogedor de café se le entregaban boletos por la cantidad recolectada los cuales podían cambiar el fin de semana por el dinero equivalente al precio del volumen recolectado. También los podían utilizar directamente en la compra de productos de consumo diario en comisariatos del dueño de la finca o en aquellos negocios que tenían algún convenio con el cafetalero. En estos casos los boletos podían ser utilizados durante todo el año en los comisariatos, incluso varios comercios como tiendas de abarrotes y otros, los empezaron a aceptar, debido a la confianza y al respaldo que inspiraban las empresas y las personas que los emitían. Otros cafetaleros, dedicados también al comercio, pusieron valor a los boletos sobre la base del sistema monetario vigente en cada época.

Los emisores de los boletos

Los primeros boletos conocidos, que datan de la década de 1840, corresponden a fincas de los primeros y más importantes cultivadores del grano, tales como los de la familia Montealegre, los de Juan Rafael Mora Porras, los de José Joaquín Mora, los de Santiago Fernández, los de Gordiano Fernández, los de Vicente Aguilar, entre otros. Con la extensión del uso de los boletos, los cafetaleros, adoptaron su uso. La complejidad de los diseños de los boletos estaba, por lo general, relacionada con la capacidad económica del dueño de la finca, razón por la que existen desde boletos con la efigie del dueño de la finca, hasta otros fabricados en sencillos círculos de metal con las iníciales del emisor.
También, los grandes cafetaleros, los medianos y los pequeños acuñaron boletos que expresaban el valor del producto en unidades de volumen como cajuelas de café, medidas y canastos; y con valores equivalentes a la moneda nacional como reales, pesos, centavos, céntimos y colones. Esta situación hacía de los boletos un tipo de moneda privada que circulaba a la par de la moneda oficial.

La fabricación de los boletos de Costa Rica

Los boletos metálicos de Costa Rica fueron fabricados mediante el proceso de acuñación. Debido a la proliferación en el uso de los boletos y a la dificultad para su fabricación, algunos negocios como la Ferretería "El Iris" y el "Almacén Gamboa", acuñaron tipos de boletos con valores de 1 cajuela que servían como un "machote", los cuales eran vendidos a los caficultores quienes les acuñaban, por lo general, sus iníciales por medio de punzones que podían ser adquiridos en las ferreterías
Algunos pequeños caficultores, sin muchas posibilidades económicas para acuñar boletos de cierta calidad, recurrieron a los hojalateros de los pueblos quienes fabricaron un tipo de boleto muy rústico, el cual consistía en punzonar las iniciales del dueño de la finca y el valor sobre una ficha de aluminio.
Muchos de los boletos de Costa Rica fueron fabricados en el exterior; sin embargo, tenemos referencias de la acuñación de boletos en Costa Rica desde la década de 1860 y durante una parte importante del siglo XX, realizada de manera privada por el grabador de la Casa de la Moneda de Costa Rica, el señor Cruz Blanco. No es sino hasta la década de 1920 en que podemos afirmar que se acuñaron boletos en la Casa de la Moneda de Costa Rica.
Los materiales más usados en la fabricación de boletos fueron el latón, bronce y el cobre, además del cupro-níquel, aluminio, plomo, baquelita, y en épocas más recientes el plástico y el cartón. Además, varias monedas nacionales y extranjeras fueron habilitadas por diversos empresarios para ser utilizadas como boletos, por medio de resellos complejos, números o la simple impresión de las iniciales del caficultor.
Generalmente la forma de los boletos era circular, aunque existen otros de distintas formas geométricas como triángulos, cuadrados, octágonos, rectángulos, etc., cuyo diámetro va desde los 7 milímetros, el más pequeño como por ejemplo el de Manuel Arguello Bonilla, o, hasta los 47 mm., el más grande.
En los boletos de café podemos encontrar diversidad de imágenes e inscripciones. Desde los nombres de los caficultores o de los dueños de las empresas que los mandaron a acuñar, los nombres de las haciendas o su ubicación geográfica, hasta representaciones animales, humanas y florales. Por ejemplo, en los boletos se grabaron representaciones de animales como vacas, elefantes, cisnes, moscas, águilas, etc.; de árboles, de barcos, de canastos, de escudos de armas de Costa Rica e incluso de efigies. Muchos otros boletos fueron más sencillos: consistieron en trozos de metal o de plástico a los que se les imprimieron sólo las iniciales del caficultor y su denominación (1cajuela, por ejemplo).

La importancia de los boletos dentro del desarrollo económico y social de Costa Rica

Anotaciones finales

Los boletos facilitaron las transacciones de bienes y le permitieron a los cafetaleros contar con la moneda necesaria para cumplir con las obligaciones salariales y también cuidar el dinero oficial, de por sí escaso, para realizar inversiones en la producción y procesamiento del café. En algunas ocasiones, a través de los boletos, los cafetaleros obtenían una doble ganancia: por un lado, al dárselos como pago al obrero agrícola lo forzaban a utilizarlo para adquirir productos en los comisariatos, propiedad de los mismos cafetaleros. En otros, los boletos se podían utilizar en aquellos comisariatos con los que el propietario de la hacienda cafetalera tenía algún convenio y que cobraban al peón un determinado porcentaje por recibirle los boletos. Empero, en muchos casos el peón se veía favorecido con estas medidas, ya que de no existir estos comisariatos o pulperías, tenía que trasladarse una distancia considerable para adquirir ciertos bienes de consumo diario.
A partir de 1840 los boletos se consolidaron como un medio de pago alternativo en las fincas cafetaleras y para la segunda mitad del siglo XX empezó a disminuir su utilización, dado que el problema de la escasez de moneda oficial fue solucionado. Hoy en día se utilizan boletos en muy pocas fincas, pero sólo para llevar las cuentas del volumen de café recolectado por los trabajadores quienes los cambian por su equivalente en dinero al final de la semana de labores.

Fuente Bibliográfica : Folletos Técnicos Fundación Museo Numismática Banco Central de Costa Rica.