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Origen y función de la casa de moneda


¿Qué son las casas de moneda?

 

Las casas de moneda, llamadas también cecas o cuños, son las instituciones que se dedican a fabricar las monedas. Estas casas proveen las monedas necesarias para las transacciones de bienes y servicios. Además, las monedas que fabrican representan en sus diseños diferentes ideas sobre los países, y grupos de naciones.
Por esta razón, cuando un Estado se independiza de otro, una de sus primeras preocupaciones es organizar su sistema monetario, crear una casa de moneda y emitir monedas con símbolos propios, de acuerdo con su nueva situación política. Las casas de moneda, por lo general, han sido propiedad de los Estados, ya que el derecho de emisión de monedas es una actividad exclusiva de los Gobiernos. Sin embargo, actualmente existen muchas de carácter privado, que fabrican monedas por solicitud expresa de distintos países.

 

¿Cuál es el origen de la Casa de Moneda de Costa Rica?


Antecedentes

 

Costa Rica no tuvo casa de fabricación de moneda durante el período colonial, por lo que en esa época se utilizó moneda procedente de los cuños de Segovia y Sevilla, en España, y de América, como los de México, Lima, Bogotá, Potosí y Guatemala, entre otros.
La onda expansiva del proceso independentista llegó a Centroamérica desde México, y culminó con la independencia de España, proclamada en Guatemala el 15 de setiembre de 1821. En Costa Rica, aunque los sucesos resultaron sorpresivos, había buenas razones para aceptar la independencia de España y la autonomía respecto de Guatemala. Entre esas razones estaban el descontento ante el control español sobre la producción y el comercio de tabaco y de aguardiente, la prohibición de comerciar con los ingleses y con los zambos mosquitos y el resentimiento hacia los comerciantes de Guatemala, quienes controlaban los intercambios del Reino.

Proclamada la independencia, una de las primeras preocupaciones de los nacientes Estados fue organizar su sistema monetario. Costa Rica continuó utilizando el sistema español heredado de la Colonia, con el real como unidad monetaria para la plata y el escudo para el oro.  En el país se comenzó a plantear la necesidad de establecer una "casa de cuño" para fabricar moneda propia, debido a la escasez, la baja calidad de muchas de las monedas coloniales que circulaban y la búsqueda de un elemento que representara la soberanía con respecto al imperio español.

El descubrimiento de las minas de los Montes del Aguacate ofreció la posibilidad de obtener metal para la acuñación, lo cual reforzó la idea de establecer una "casa de cuño". En junio de 1822 los vecinos de San José pre­sentaron al Ayuntamiento una solicitud para crear esa casa, con el fin de que no se exportara el oro proveniente de las minas. Su solicitud fue aceptada por la Asamblea Nacional de la provincia, y se designó al intendente don Juan Mora para que realizara las gestiones que permitieran establecerla; sin embargo, no fue sino hasta en   825 cuando se estableció provisionalmente en Alajuela, la primera casa de moneda, llamada Ingenio San José de los Horcones. Mientras tanto, entre I 822 y 1825 continuaron circulando las monedas del imperio español y las de otros Estados de América.

 

La acuñación durante el período de la Federación Centroamericana

 

En julio de I 823, la mayoría de los antiguos países miembros de Reino de Guatemala constituyeron una nueva organización política, conocida como Provincias Unidas del Centro de América, a la cual se incorporó Costa Rica en I 824 y, en noviembre de ese mismo año, se organizaron como la República Federal de Centro América, conformada por cinco Estados: Guatemala, El Salvador; Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

Con la incorporación de Costa Rica a la República Federal quedó establecido el sistema monetario que regiría en el país por lo menos hasta 1863. En I 824, la Asamblea Nacional

Constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América había estableci­do, en la primera "Ley de la Moneda", que toda la moneda de oro y plata que se acuñase sería del peso y ley que le designaba el Gobierno español, y definió los signos e inscripciones que debían aparecer en ellas.

La casa de moneda provisional establecida en 1825 produjo monedas de oro, en denominaciones de una onza, media onza, dos escudos, un escudo y medio escudo.  Estuvo a cargo de un minero español llamado Mateo Urandurraga, quien fungió como ensayador; motivo por el cual sus iniciales aparecen en esas monedas.  Las piezas tenían en el anverso el escudo de la Federación Centroamericana, y en el reverso la figura de una palmera. A pesar de esas emisiones, la moneda de plata necesaria para la mayoría de las transacciones escaseaba, por lo que continuaba circulando la de origen español, la acuñada en diversas partes de América y España y la de otros Estados americanos recién independizados.

La emisión de monedas de 1825 generó un conflicto con Guatemala, debido a que el emblema usado en Costa Rica, era una palmera, mientras que el de Guatemala era un árbol de ceiba. El problema suscitado por las diferencias en el reverso de las monedas no se limitaba a las divergencias icono­gráficas, sino que también era un asunto de hegemonía y soberanía.

El Gobierno Federal establecido en Guatemala quería unificar los símbolos que representaban la nueva República y transmitían su proyecto político. Grabar un elemento diferente en las monedas podía considerarse un acto de desacato a la autoridad federal; por eso, el 6 de mayo de 1825 el Gobierno Federal envió una nota a Costa Rica, en la que suspendía la acuñación de monedas en este Estado hasta  que se tuvieran los troqueles necesarios para fabricar la moneda tal y como lo establecía dicho Gobierno. La disposición no fue acatada por el Estado de Costa Rica y las monedas siguieron circulando hasta en 1833.

 

¿Cuándo y dónde se creó la Casa de Moneda de Costa Rica?

 

La Casa de Moneda de Costa Rica se creó el 13 de octubre de 1828, con carácter permanente. Se estableció en San José e inició funciones en 1829. Las primeras monedas que acuñó fueron del tipo de la Federación Centroamericana, con troqueles traídos de Guatemala. Esta ceca estuvo a cargo de Félix Mora, quien fungió también como ensayador, por lo que la inicial de su nombre (F) aparece en las monedas acuñadas entre 1828 y 1837.

La Casa de Moneda de Costa Rica solo funcionó por períodos. El tiempo restante permanecía cerrada, debido a la escasez de metales para fabricar monedas o también al deterioro de la maquinaria y a los altos costos que implicaba  adquirir nuevo equipo.

Esa situación provocó constante escasez de moneda, por lo que se autorizó que circulara moneda extranjera y se mandó fabricar metálico en Inglaterra y los Estados Unidos. A pesar de que la Casa de Moneda estuvo cerrada por épocas, el puesto de ensayador se mantuvo, para que este verificara la calidad de las mone­das que estaban en circulación. Por ejemplo, durante el segundo gobierno de Braulio Carrillo (1838-1842) solo se acuñaron monedas de oro de un escudo y de plata de medio real, por lo que se autorizó la circulación de monedas extranjeras de diferentes países y denominaciones, a las cuales se les aplicaba un resello compuesto por una estrella de seis puntas.

Además, a esas monedas se les sacaba un pequeño bocado para comprobar su calidad (ensayar) y cobrar parte de ese trabajo, el cual era realizado por la Casa de Moneda.

Durante sus años de existencia, la Casa de Moneda de Costa Rica ocu­pó diversos edificios. Hoy no sabemos con exactitud en dónde se hallaba el primero de ellos, pero sí sabemos que la ceca se trasladó en I 833 a una construcción de adobes que se ubica­ba donde se encuentra actualmente el edificio del Banco Nacional de Costa Rica, en avenida primera. Esta avenida lleva precisamente el nombre de "Ca­lle del Cuño". Posteriormente, a fina­les del siglo XIX, la Casa de Moneda se trasladó a otro recinto situado frente al costado sur de la antigua es­tación del Ferrocarril al Atlántico. Y fi­nalmente, en 1917, se reubicó al cos­tado este del edificio que albergaba a la Aduana Principal, en un galerón de estructura metálica y láminas de zinc en sus paredes, que hoy es el teatro de la Aduana, en donde se mantuvo hasta su cierre, en 1949.


Los trabajadores de la casa de moneda


Funcionarios especializados de gran responsabilidad y confianza


EI trabajo de la Casa de Moneda requería de diversos trabajadores  especializados, pero dada la escasez de este tipo de funcionarios  en Costa Rica, las pocas personas contratadas debían realizar   más tareas de las que tenían asignadas. Por ejemplo, en 1828 solamente había en la Casa de Moneda tres trabajadores, quienes se distribuían todas las funciones  de la siguiente manera: al ensayador le correspondía hacer las veces de fiel de moneda e inspector de las operaciones de fundición; al tesorero le tocaba actuar como contador y juez de balanza; y al fundidor, ligar (mezclar los metales), afinar, tirar las planchas, cortar, pulir, contrapesar, acordonar y sellar (acuñar).

Se requería de  personal de mucha confianza, el cual  era sometido constantemente a controles por parte del Gobierno ante el peligro de fraudes.

Los puestos de mayor responsabili­dad, eran los que tenían que ver con el control de los metales, la amone­dación y la calidad de las monedas como el ensayador y el fundidor Estos eran los funcionarios mejor pagados en 1828, con un sueldo de 500 y 360 pesos anuales, respectivamente.

El ensayador era la persona que se encargaba de comprobar y garantizar la calidad de las monedas de oro y plata, tanto en su confección como en su contenido de metal precioso, mediante un análisis de aleaciones y sus iniciales aparecían grabadas en las monedas como respaldo. Esta práctica se mantuvo desde 1825 hasta principios de siglo XX, cuando las monedas de oro y plata fueron sustituidas por otras, fabricadas con metales más baratos como el latón y el cuproníquel.

En la actualidad, la calidad de los meta­les de las monedas que se fabrican en el extranjero  es verificada por el Banco Central de Costa Rica, mediante un estudio que se realiza en el Instituto Tecnológico de Costa Rica.

Otro trabajador especializado era el grabador; quien se encargaba de preparar los diseños que tendrían las monedas.  Para ello hacía incisiones en los troqueles, es decir en las piezas de acero que se utilizaban para acuñar las monedas. Este puesto apareció por primera vez  en la Casa de Moneda de Costa Rica a principios de la década de 1830 y fue ocupado por José María Mora, quien se había especializado en Guatemala. Por lo general  el oficio de grabador era aprendido en el exterior; especialmente en Europa, ya que se debía tener conocimientos y habilidades en el dibujo y el grabado. Muchos de los grabadores tenían sus talleres privados, en los que elaboraban distintos objetos como sellos blancos, sellos para lacre, joyas, boletos de café y otros.

La mayoría de ensayadores y grabadores se especializaron en países como Guatemala, Francia y Alemania, o fueron traídos del extranjero. Tal fue el caso del alemán Juan Barth, quien fungió como ensayador contratista de la Casa de Moneda en la segunda mitad de la década de 1840.

Además, la Casa de Moneda contrató jóvenes aprendices, para que al trabajar con sus maestros se formaran en las funciones del grabado y del ensaye. Algunos de ellos también tuvieron la oportunidad de viajar y especializarse en Europa, para luego ocupar los cargos de grabadores o ensayadores titulares de la Casa de Moneda de Costa Rica. Esto fue lo que sucedió con Cruz Blanco, quien en los registros de 1857 aparece como aprendiz, y ya para finales de la década de 1860 se menciona como grabador.

 

Las condiciones laborales

 

Las condiciones laborales en la Casa de Moneda eran difíciles. Altas temperaturas producidas en los hornos de fundición, largas jornadas de trabajo y propensión constante a accidentes con las máquinas eran las características del trabajo diario a las que se agregaba el recargo de funciones de la mayoría de los trabajadores.

Por ejemplo, en 1830 el ensayador Félix Mora manifestó estar dispuesto, a renuncian aduciendo exceso de trabajo y de responsabilidad, bajo sueldo, largas jornadas laborales de alrededor de doce horas, cansancio y problemas de salud. Otro caso es el de Manuel Castro Araya, grabador de la Casa, quien a principios del siglo XX perdió una mano en cumplimiento de su trabajo.

 

Fabricación

¿Qué maquinaria se utilizaba?

 

La maquinaria de la casa de moneda fue un problema constante. Por lo general se compraba equipo antiguo o usado. La primera maquinaria que se importó para el cuño provisional de los Horcones había sido desechada por la Casa de Moneda de Lima, Perú. Durante el siglo XIX se compró maquinaria en diferentes países y, al final, se trajeron de Alemania  varias acuñadoras y máquinas para grabar troqueles que funcionaban con vapor.

Ya en el siglo XX se utilizó como fuerza motriz la electricidad. Gracias a ello, en 1917 las máquinas eran capaces de acuñar hasta treinta y cinco monedas por minuto y poco más de veinte mil por día. Después del cierre de la Casa de Moneda, en 1949, las máquinas fueron fundidas en los talleres del Ministerio de Obras Públicas y Transportes.

 

Proceso de acuñación de monedas en la década de 1920.

¿Cómo se fabricaban las monedas?


Fabricar monedas era un proceso laborioso y complejo. Todo comenzaba con la elaboración de los troqueles. Los grabadores preparaban en yeso los diseños ampliados de lo que contendría cada uno de los lados de las monedas. Las piezas de yeso eran luego reproducidas en acero y adaptadas al tamaño real de las monedas. Ese diseño, que se realizaba por medio de una máquina llamada reductora o pantógra­fo, quedaba grabado en relieve, que es lo que se conoce con el nombre de matriz.

A partir de la matriz se fabricaban los troqueles, los cuales eran  masas de acero que tenían grabado en negativo o en hueco los motivos del anverso y del reverso de las monedas. Estas se elabo­raban directamente con los troqueles.

La Casa de Moneda contaba, además, con hornos para fundir metal con las características de aleación que la ley exigía para acuñar las monedas. Una vez fundido el metal, este se chorreaba en moldes rectangulares para transfor­marlo en lingotes o barras.

Los lingotes se aplastaban en unas máquinas llamadas laminadoras. Estas constaban de dos rodillos, entre los cuales se introducía e lingote, y se iba adelgazando por presión hasta formar una lámina con el grosor que tendrían las monedas. Durante este proceso, el lingote era calentado en varias ocasiones para suavizarlo y facili­tar su adelgazamiento.

Una vez obtenidas las láminas, se introducían en una máquina troque­ladora, la cual cortaba el metal en discos, también llamados cospeles. El material sobrante era nuevamente fundido para fabricar más lingotes.

Los discos o cospeles eran llevados a una máquina acordonadora, en la que se realizaba el grabado del canto de la moneda.  Este borde es llamado cordoncillo, y está formado, por lo general, por una serie continua de estrías verticales.

Una vez acordonados los cospeles, se pasaban a las máquinas acuñadoras que contenían los troqueles con los grabados tanto del anverso como del reverso de las monedas. Uno de los troqueles estaba colocado en una base fija y el otro en una pieza móvil. En medio de ellos se colocaba el cospel, que al final resultaba grabado por un proceso de golpe.

 

Los aportes de la casa de moneda

 

En la Casa de Moneda de Costa Rica fue muy beneficiosa para el país. En sus inicios impulsó la actividad minera, como un recurso para obtener el metal necesario para la acuñación de monedas. Proveyó de circulante  a una economía que cada vez necesitaba más moneda para las transacciones comerciales e impulsó la especialización de trabajadores en campos como la fundición de metales, el ensaye, el grabado y la mecánica. Esos trabajadores también realizaban tareas a nivel privado en la fabricación de boletos de café, sellos de metal, joyería y reparación de maquinaria, entre otras.

La Casa de Moneda de Costa Rica se cerró en 1949, durante el gobierno de la Junta Fundadora de la Segunda República, a cargo de José María Figueres Ferrer. Los argumentos para su cierre fueron que la maquinaria estaba muy deteriorada y que su renovación requería de una inversión considerable. Además, la introducción de maquinaria más eficiente habría provocado que la fabricación anual de monedas de Costa Rica se realizara en unas pocas semanas, y que el cuño quedara sin trabajo el resto del año.

El cierre de la Casa de Moneda estuvo matizado por el deterioro de su maquinaria y la nostalgia por la pérdida de una industria nacional.

 

Fuente Bibliográfica : Folletos Técnicos Fundación Museo Numismática Banco Central de Costa Rica.




 
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